El spa

Había pagado por el spa completo. Y como buen español, tenía que pasar por todas las zonas; incluída la del suelo de piedras punzantes, soportando chorros de agua a 92º en la cara.

Pies fríos

No era raro que ella tuviera los pies frios. A él le encantaba, que entre risas, ella buscara los suyos para calentárselos.

En mitad de la noche, él se acercó. Tenía los pies congelados. Gélidos. Encendió la lámpara de la mesita de noche y vio el frasco de neurolépticos. Vacío. Como él.

La operación

Tras una larga y complicada operación el cirujano salió al pasillo. Rudolf tenía esto en el estómago, dijo a los familiares mientras sujetaba unos papeles manchados en la mano. El pequeño de la familia miró a su madre con cara de satisfacción. Al final era verdad, el perro se había comido sus deberes.

El inventor

Cogió su obra. La observó. Ponía esto aquí, y lo otro allá. Volvía a observarla. Pensó en darle la vuelta; y lo hizo. Ahí estaba el truco de su obra. La llamó: tortilla de patatas.

Todos locos

Cuando oyó esos gritos no sabía donde se había metido. Nada mas darse la vuelta escuchó: ¡me cago en mi puta madre! No entendía nada. Cuando la gente lo veía salía corriendo y gritando. Sólo se oían sonidos agudos, había un olor rarísimo y mucho humo. Vio a dos personas vestidas de azul que venían a por él con un palo en la mano. Así que volvió a subirse en su nave y pensó: yo me voy que en este mundo están todos locos.

Es lo que tiene

Una vez llegó el final, no recordaba nada; es lo que tiene ser un pez. Así que decidí volver a nacer.

Le gustaba

Le gustaban mis manos, le gustaba mi olor, mi imaginación, mi boca. Y un día se olvidó.

El ámbulo de mi vida

El ámbulo de mi vida no es sólo de las falandias. Batuleé entre las anfideas hasta que fui adiminiendo. Pocos años después trasfilé sin dificultades las tomilias. En realidad nunca flinseé las maleninas; siempre supe que mi paumético estaba marcado por los rimbentos de la suerte. Me di cuenta. Ese, y sólo ese era el ámbulo de mi vida. Porque quizás, y lo más importante, sea que no hay palabras para describirla. Por eso, lo mejor sea inventárselas.

El único

Mientras quinientas personas estaban haciendo un examen de física del estado sólido avanzado, mientras cinco millones de personas se quedaban sin butano mientras se duchaban, mientras tres millones de personas salían de un cine desilusionadas, mientras a quinientos vagabundos se les acababa el cartón de vino, mientras diez millones de toxícomanos se apretaban una goma atada a su brazo y mientras mil exfumadores volvían a enchufarse un cigarillo, yo era el único que te estaba dando un beso.

El ladrón de cerebros

Todas y cada una de las víctimas habían sacado algo positivo. Una cadena de televisión los contrató como tertulianos en un programa de sobremesa.

Se me olvidó

Se me olvidó que te olvidé. Como la canción. Y volví. Tras recordarlo volví a olvidarte. Y ahora no sé por qué estoy escribiendo.